Una radio abajo y a la izquierda. Transmitiendo en vivo los lunes, miércoles y viernes de 16.30 a 18.30 hrs.
domingo, 3 de abril de 2011
sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Dení Prieto Stock

UN AFÁN
Nunca había pensado en la muerte,
en la nada, en la ausencia total de una presencia,
de un aliento vital, hasta que moriste tú.
No es mía ninguna superstición.
No distraigo mi conciencia con milagros,
paraísos, ángeles y demonios.
¿Pero quién puede definir la nada,
o el comienzo o el fin de algo, de todo,
del universo, de ti, de mí, de Dení?
¿De la muerte qué podemos definir?
Su fisonomía, su aspecto, su traza.
¿Y qué más sabemos a ciencia cierta?
Ahora lo quiero saber, con tanto afán,
que no la temo ni la tengo por extraña,
y aun la deseo, desde que moriste tú,
desde el fondo de mi adolorida,
desgarrada, inconforme entraña.
Nació el 8 de septiembre de 1955 en la Ciudad de México. Era hija de Evelyn Stock y del dramaturgo y periodista Carlos Prieto Argüelles. Su abuelo, Jorge Prieto Laurens, participó en la revolución mexicana de 1910, fundó el Partido Cooperatista (1921) y promovió la formación de la Asociación Anticomunista de las Américas.
Dení tuvo una formación intelectual rica y precoz y desde muy joven comenzó a participar en las brigadas comunitarias de la organización Política Popular, principalmente en zonas rurales de Tlaxcala y el Estado de México. Estudió el bachillerato en el Colegio Madrid y en 1973 estuvo a punto de ser encarcelada debido al proselitismo político que realizó entre campesinos a los que impartía clases en Tenango del Valle, Edomex. El mismo año fue reclutada para las EYOL por Julieta Glockner y al poco tiempo, motivada por el golpe de estado en Chile, se convirtió en un cuadro profesional de las FLN. La primera y única casa de seguridad en la que estuvo fue la de Nepantla, Edomex, a la que arribó el 26 de octubre de 1973. A los pocos días de su llegada a la “Casa Grande”, contrajo matrimonio revolucionario con Raúl Sergio Morales Villarreal.
La noche del ataque militar a la llamada “casa grande”, el 14 de febrero de 1974, Dení perdió sus lentes con la explosión de una granada y tuvo muchas dificultades para moverse, por lo que fue una de las primeras en caer. Su cadáver fue sepultado clandestinamente en el Panteón Dolores. Pese a diversas gestiones, su familia no pudo recuperar sus restos en ese momento, sino hasta siete años después. De todos los guerrilleros caídos en la historia de las FLN “María Luisa”, de 19 años, fue la más joven, lo que le ha merecido un reconocimiento especial por parte del EZLN. En el 2000, el dramaturgo Ignacio Retes publicó una novela intitulada Por supuesto, inspirada en la vida de Dení, aunque también retomó pasajes de hechos protagonizados por Elisa Sáenz, Julieta Glockner y Nora Rivera.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Derechos humanos bajo ataque

Han sido intensos en noticias graves y sensibles estos últimos días. Grave, la del asesinato de siete personas , al parecer torturadas y ejecutadas por sicarios, en Morelos. Una mujer y seis hombres, uno de ellos, Juan Francisco Sicilia, el joven hijo del poeta, articulista, ensayista y editor de la revista cristiana crítica Conspiratio (www.conspiratio.com.mx/), colaborador de La Jornada Semanal y de Proceso, quien se encontraba en Filipinas en lecturas de poesía. El joven torturado y asesinado, Juan Francisco Sicilia, participó con su padre en movimientos sociales en defensa del ambiente, el patrimonio histórico y los derechos en el estado de Morelos, así como en actividades convocadas por el EZLN. Javier Sicilia, discípulo de Iván Illich, ha sido crítico de la violencia y de la desastrosa y violatoria de los derechos humanos “guerra contra el narco”. El crimen ha concitado la condena de la sociedad en Morelos y en el país, así como la solidaridad con el poeta y la exigencia de justicia. La noticia de este crimen ocurrió en un contexto de denuncias de acoso judicial a los defensores de derechos humanos en Chiapas, emitida por los centros de derechos humanos Digna Ochoa, de Tonalá, cuyos integrantes han sido presos de conciencia; el Fray Bartolomé de las Casas y el Fray Matías de Córdova y Ordóñez AC, de inspiración cristiana todos ellos. Varios de los abogados e integrantes de estos centros han sido detenidos y liberados, vulnerando incluso los amparos de algunos de ellos. En cambio, en Guerrero, tras una fuerte presión nacional e internacional, absolvieron a David Valtierra, Silverio Matías y Genaro Cruz de los cargos prefabricados para perseguirlos por su participación en la amuzga y comunitaria Radio Ñomndaa. Siguen pendientes los procesos contra otros indígenas de Suljaa contra quienes hay pendientes órdenes de aprehensión por la misma causa: defender su autonomía y su radio comunitaria. Abel Barrera, del Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero Tlachinollan, recibió el premio de derechos humanos de Amnistía Internacional. Entre otros casos, graves, como asesinatos políticos y violaciones cometidas por militares, Tlachinollan ha llevado la defensa de los integrantes de Radio Ñomndaa. En Oaxaca, reportaron que está sano y salvo el reportero Roger Valle, quien tuvo que exiliarse de Huajuapan de León después de ser agredido por un grupo de choque priista. El periodista participó en la caravana a Copala que fuera balaceada y donde murieron Jyri Jaakkola y Bety Cariño. En esa ocasión los paramilitares de la UBISORT lo amenazaron de muerte. En medio de este tipo de noticias de violentas agresiones a comunidades y pueblos, la noticia de que en Temacapulín, Jalisco, pararon la obra de la presa El Zapotillo sigue destacando por su contundencia. Los integrantes del Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo y de organizaciones solidarias e integrantes del Movimiento de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos se han declarado en plantón en el lugar hasta que las obras se paren definitivamente. El movimiento opositor a la presa El Zapotillo ha ganado jurídicamente el caso, pero las autoridades no han dado cumplimiento al cese de la obra y ésta seguía en construcción, ilegalmente, amenazando con inundar poblaciones cercanas a ambos lados en los estados de Jalisco y Guanajuato. En México a los defensores de derechos humanos los asesinan, desaparecen o persiguen, mientras en el extranjero los premian, les conceden la razón y piden que cese la violencia en su contra. Y ante la total pasividad de las autoridades o su clara colusión en la violación de los derechos, los defensores de la autonomía, el territorio, el medio ambiente y los derechos de los pueblos tienen que hacer las cosas por sí mismos: abrir una radio o parar una presa ilegal. México.
martes, 29 de marzo de 2011
La hora de la verdad para el PRD
Trece de las muchas maneras de convertir un partido político de izquierda en una lata de sardinas. 1) Coloque en el centro, en el único centro de su vida, sagrado y unidimensional la lucha electoral. No lo diga, pero en el fondo de su corazón mantenga la firme creencia de que las luchas sociales estorban los momentos claves y definitorios de la vida del partido, los verdaderos, que tiene que ver con la selección de candidatos, las campañas electorales, las reuniones para medir las fuerzas y repartir las cuotas, el reparto de zonas de influencia.
2) Convierta a una buena parte de los militantes en asalariados, que dependan para su supervivencia del aparato y la jerarquía. Salve a esa militancia de trabajos mal pagados de maestros, chambas de medio tiempo, ventas de miel de colmena que manda la abuelita o enciclopedias británicas a domicilio. Aproveche que toda una generación de militantes, la de los 60-70, está quemada económicamente, que deben la renta y ellos están tres meses atrasados con la pensión alimentaria. Construya un partido «moderno» de empleados y no de activistas. Conviértase usted mismo y toda la dirección nacional en asalariados de lujo, con prebendas, asistentes, choferes paseadores de esposas y esposos, ayudantes que hacen el súper. Dé por buena la teoría de que un diputado tiene derecho a ganar 50 veces lo que gana un obrero. Reparta cargos de elección popular, de administradores públicos; cree centenares de asalariados del propio partido a nivel municipal, delegacional, estatal, nacional. Distribuya infatigablemente creando empleos y no apoyos económicos para la realización de tareas. Reparta esos empleos generando lazos de afinidad con los que los reciben, deudas a ser pagadas, fidelidades, servidumbres. Construya paulatinamente una situación en la que en la cabeza de los militantes aparezca la idea de eternidad asociada a la idea de chamba. Establezca que la única continuidad en la vida es la del empleo que ofrece el partido. Que en la realidad política mexicana se puede construir una rueda de la fortuna donde nomás se va cambiando de asiento: de regidor de ayuntamiento a miembro de dirección estatal, a diputado, a senador, a viceministro.
3) Abandone cualquier radicalismo. No sólo el radicalismo no es «moderno», sino que espanta. En la realpolitik lo políticamente correcto no tiene aristas. Ponga de moda la noción de que lo ideal es el centro, que el centro atrae votos indecisos, gana elecciones. Dé por buena la idea muy estadunidense de que se gobierna con las encuestas, que no se trata de convocar a la población y llevarle visiones, reflexiones, ideas, sino que se trata de adoptar sus dudas, sus miedos, sus prejuicios. Declárese ferviente partidario de la búsqueda del centro, aunque no lo diga. No permita que por ahí se ande diciendo que en política el centro es la nada.
4) Convierta todo debate de ideas en un debate de posibilidades. Ponga siempre por delante la idea de que el objetivo es alcanzar el poder. ¿Para hacer qué con el poder? Eso no importa. Despolitice la política, vuélvala un juego de posibilidades donde los principios se desvanecen, las ideas del cambio profundo pasan al rincón de los juguetes viejos, la utopía es considerada una mala palabra. Declare abolido el trabajo de formación política. Declare difuntos a Marx y a Sandino, a Ho Chi Minh y a Pancho Villa, al cura Hidalgo (excepto en ceremonias) y a Bakunin. Simplemente no son modernos. Acepte pragmáticamente cualquier tipo de alianza, con quien sea con tal de medio ganar una elección. Alíese con el que despide electricistas, con el que está en contra de las leyes progresistas del aborto o el matrimonio homosexual, con el que declara al Fondo Monetario Internacional su santo patrón. Ignore esas pequeñas diferencias con tal de ganar-perder una elección.
5) Dé por buena la idea de que una pequeña parte de corrupción es admisible, no mucha, no saqueadora, apenas funcional; que no tiene nada de malo recibir apoyos económicos de un gobernador priísta o que un alto funcionario panista le ofrezca a su grupo tres camionetas.
6) Adquiera los estilos y las formas del poder, conviva respetuosamente con el enemigo, reúnase frecuentemente con él en restaurantes y cantinas, salúdelo amablemente cuando lo tenga en el asiento de al lado de una Cámara de Senadores. No les crea a los que andan diciendo que existe el contagio por contacto.
7) Haga suya y de corazón toda norma burocrática. Donde manda la normatividad, que le valga verdaderamente madre el sentido común, el pensamiento racional, la sensatez. No permita bajo ninguna manera que la sensibilidad estorbe al procedimiento. Olvídese de cualquier intento de simplificación administrativa. Diga frecuentemente cosas como: «Ni modo, así hay que hacerlo.»
8) Cambie el lenguaje, hable de canicas y de recursos. Cuando le hablen de «programa» responda: ¿En qué canal?
9) Viva en un país en una de las más profundas crisis de su historia y logre que a pesar de ello, le valga absolutamente sombrilla. Convierta la política en un acto reactivo y no propositivo. Viva como en un encuentro de futbol en un estadio cerrado y sin público, preocúpese sólo de lo que ahí sucede, desconéctese del exterior.
10) Reviva las prácticas internas de fraude electoral. No importa que ese haya sido uno de los demonios cuya necesidad de abolición dio origen a todo. Si no las practica, al menos consiéntalas, explíquelas, perdónelas. Haga lo mismo con la presión del voto a través de la despensa o el saco de cemento, la compra de conciencia. Construya detrás de cada tendencia un apoyo social corporativo (por ejemplo: un proyecto habitacional de 40 casas con 400 peticionarios). Declare la moral abolida y la vergüenza inexistente. No son modernas.
11) Levante la bandera de la unidad. Secuestre en nombre de la unidad a todo el mundo.
12) Procure que no se hable demasiado del pasado militante de cada quien. Ese es un terreno peligroso, bien por la ausencia de tal pasado, bien por la incoherencia entre ese pasado y el triste presente.
13) No vaya jamás a una manifestación a no ser que haya en ella cámaras de televisión. Bien, más o menos ya lo tiene. Ahora asuma el problema: ¿Quién quiere militar en una lata de sardinas? ¿Quién se siente representado por una lata de sardinas? ¿Quién va a votar por una lata de sardinas?
domingo, 27 de marzo de 2011
sábado, 26 de marzo de 2011
La izquierda del capitalismo
No cabe duda, la obligación de adjetivar las conductas de los partidos socialdemócratas y progresistas como pertenecientes a la izquierda trae consigo ejercicios teórico-ideológicos propios de un malabarismo intelectual. Es común hablar de la existencia de una izquierda institucional”, sobre todo cuando nos referimos a organizaciones políticas cuyas bases doctrinales no cuestionan el capitalismo, factor suficiente para negarles el calificativo de izquierdas. No debemos olvidar que la socialdemocracia y los llamados reformistas no compartían las premisas del capitalismo. La estrategia cuestionada era la forma de enfrentarlo, la transición al socialismo. El dilema se expresaba dualmente: reforma o revolución. Ahora, el problema es otro. Quienes se autodefinen pertenecientes a la “izquierda institucional” comparten y aceptan las reglas del juego de la economía de mercado. El hacerlo trae consigo consecuencias inmediatas. Su decisión conlleva avalar el proceso de concentración y centralización del capital como mecanismo para la creación de riqueza. Por consiguiente, dentro de sus programas desaparece la crítica de fondo a las relaciones sociales de explotación sobre las cuales, el capitalismo, construye y ejerce el poder político. Los militantes de esta nueva izquierda institucional, parecen sentirse cómodos navegando en las aguas del capital. Eso sí, para justificar el abandono de la lucha anticapitalista, la izquierda institucional y la socialdemocracia utilizan argumentos maniqueos y pedestres. Su lógica consiste en negar la lucha de clases y la división social del trabajo basada en la propiedad privada de los medios de producción. De su lenguaje han desaparecido, por arte de magia, los capitalistas y con ello la dualidad explotados-explotadores. Asumen, sin cuestionar, una visión del mundo donde el imperialismo y los intereses depredadores de las trasnacionales se esfuman en pro de la ideología de la globalización. Sin explicación coherente enfatizan el sentido armónico de la globalización, promoviendo una gestión de la crisis con rostro humano. Según ellos, todos somos responsables y debemos compartir costos. Así sugieren un pacto estratégico entre trabajadores y empresarios, considerándolos parte de un mismo equipo con las mismas metas. De esta manera, nadie quedaría excluido de los beneficios de un trabajo solidario. Ni ganadores ni perdedores. Si actuamos con tino, nadie se verá perjudicado. Es el dilema del prisionero extrapolado ante las relaciones sociales de explotación. Si se coopera se consiguen los objetivos, todos obtienen beneficios. Los trabajadores mantienen su empleo, aunque sea en peores condiciones, y los empresarios, ya nunca más capitalistas, verán aumentar sus ganancias y con ello invertirán, incrementándose el producto interno bruto. Un verdadero pacto de caballeros. Puestos en esta lógica, el quid del capitalismo cambia de eje, no se encontraría en las relaciones de explotación. Su sitio se ubicaría, a partir de ahora, en la fuerza autorregulada de la economía de mercado para satisfacer las necesidades de los consumidores.Para la nueva “izquierda institucional” y la socialdemocracia, el capitalismo debe redefinirse como un sistema político destinado a generalizar los beneficios de la economía de mercado. Con ello, lo importante es consumir, no importa qué, cómo y cuándo. Se trata de garantizar el acceso al mercado y formar parte de un ejército de consumidores diferenciados por la calidad y la cantidad de los productos que adquiere. Unos comerán angulas, caviar, beberán champagne, conducirán Lambordinis, Mercedes Benz , irán de vacaciones en yates y viajarán en primera clase; otros, en cambio, deberán conformarse con sucedáneos, imaginarse unas vacaciones virtuales, utilizar el transporte público, consumir gaseosas o tomar agua no contaminada, en el mejor de los casos. Pero tampoco se olvidan de los menos agraciados, quienes sobreviven con menos de un dólar al día o simplemente no tienen ni eso. Para este sector social les aplican el criterio de políticas para pobres. Podrán comer, tendrán un trabajo precario, y se verán avocados a la miseria, la exclusión y la marginalidad. Pero siempre tendrán una opción de salir adelante, en sí son capital humano y ese es su máximo activo. El mercado está siempre atento para recibirlos con las manos abiertas.
En otro orden de cosas, la “izquierda institucional” traslada el debate de la ciudadanía plena y la centralidad de la política a la esfera de la eficiencia y la racionalidad económica para lograr un mejor funcionamiento del mercado. No tienen empacho en señalar que están actuando en beneficio de todos y en favor del progreso de la humanidad. Muy a su pesar, sólo les queda constatar la pérdida de los derechos laborales, sindicales y políticos en beneficio de la comunidad del mercado. Cómplices del secuestro de la democracia, se manifiestan en pro de los tratados de libre mercado, las trasnacionales y los grandes capitalistas. Asimilados a los postulados del capitalismo se han transformados en sus cancerberos. Adoptan la función del policía bueno. Mientras critican las maneras políticas de la derecha neoliberal y conservadora, ellos encarnan, dicen, el bien común y la moral pública. Pero ambos son la cara y cruz de una misma moneda y comparten un mismo objeto, doblegar la voluntad de las clases populares. Para ellos no hay alternativa al sistema, es mejor someterse y vivir de acuerdo a las leyes del mercado. Luchar contra el capitalismo es un suicidio, porque éste siempre gana.
No hay por donde equivocarse, gracias a la izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo se reinventa y queda absuelto de ser un orden de violencia, deshumanizante, asentado en la desigualdad, la explotación y la injusticia social. Por consiguiente, es mejor llamar las cosas por su nombre y quitarle la máscara a esta nueva izquierda y sus aliados socialdemócratas. Es más apropiado llamarla izquierda del capitalismo, concepto apegado a sus prácticas y claudicaciones estratégicas de lucha anticapitalista. Por este motivo, démosle la bienvenida, poniendo al descubierto sus espurios intereses que consisten en mantener inalteradas las estructuras de explotación inherentes al modo de producción capitalista.
Marcos Roittman
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