martes, 7 de febrero de 2012

Herramientas comunales para sembrar autonomía

En México, el ataque de las transnacionales y los gobiernos federal, estatal y municipal contra las comunidades campesinas e indígenas es muy vasto, muy brutal. Quieren expulsar de sus vitales espacios a la gente que ha cuidado sus territorios y sus recursos (agua, bosque, biodiversidad) mediante una vida dedicada a la siembra, la caza, la recolección y la práctica del equilibrio recurrente de su espacio vital.

Las comunidades comienzan a entender que ser expulsados del campo mexicano los llevará (como trabajadores semiesclavizados) a los campos de labor de las grandes empresas que roban la riqueza de los territorios de donde fueron expulsados. Que cuando tienen que irse a las ciudades, hacen más graves todas las necesidades urbanas, por ejemplo el agua, la basura, y se enfrentan a cantidad de problemas que no imaginaban en sus regiones. Una ciudad con más problemas puja por apoderarse de más recursos del campo, lo que permite que los gobiernos y las empresas intenten despojar a más y más campesinos de su tierra, sus recursos, sus espacios y su libertad.

Repensando juntos en talleres, seminarios y encuentros, los pueblos indios han concluido que es urgente no quedarse con una visión chiquita del mundo. Que están solos ante las opresivas leyes (que con mañas aprobó el Congreso federal para darle manga ancha a las empresas), y que solos habrán de enfrentar los ataques que sufren. Saben que es urgente fortalecer la autonomía en los hechos, en la vida cotidiana, y se ponen a pensar, como sus ancestros les decían, integralmente.

De todos los rincones de México, desde las asambleas de las comunidades indígenas salen propuestas. Los entrecomillados son frases que vuelven vez tras vez, por eso no tienen un autor individual:

1. Un diagnóstico regional detallado. Quiénes son los caciques que se apoderan de las regiones. Qué agencias del gobierno dividen a las comunidades. Cuál es el papel de los programas de asistencia, educación, cultura y desarrollo que impulsa el gobierno. Qué impacto tiene que les certifiquen parcelas individuales en un territorio que antes era común, trabajado en común. Por qué quieren certificar el quehacer de los médicos tradicionales. “Por qué quieren saber cuántos ojos de agua tenemos y por qué quieren certificarlos. Cómo fortalecer nuestro espacio de participación política, no la de los partidos y las elecciones, sino aquí, ahora, en las regiones donde vivimos. Quiénes tienen el poder económico y político en las regiones, el país y a nivel internacional. Cuáles empresas intentan robarse todo. Qué megaproyectos quieren imponer y cuáles serían sus efectos. Quiénes son los intermediarios que meten mercancías en las regiones, encarecen la vida de las comunidades y crecen el número de cosas que realmente no nos sirven. Cómo vamos a ejercer un autogobierno y proyectos conjuntos entre iguales a nivel regional, cuando las comunidades aisladas no pueden realmente romper cerco alguno.”

Por eso plantean “pensar la nación desde las localidades y pensar el nivel comunitario desde el punto de vista de una complejidad nacional y global. Hay que ser como los pájaros y ver el panorama, el horizonte, completo”.

2. Emprender iniciativas propias, lo creativo, haciendo caso de lo que realmente necesitan los pueblos –y no lo que les han impuesto o les quieren imponer. Cómo desmontar o darle la vuelta a las mediaciones y la corrupción. “Acercar la vida y las decisiones es reconstituirnos como comunidad, como pueblo indígena, como sujetos”.

3. La historia propia. Y los saberes tradicionales y actuales que desde hace siglos le dan vida al territorio. “Hay que hacerle caso a los ancianos y a los sabios. Repensar quiénes éramos, por qué nos quieren desaparecer y cómo defendernos”.

4. La verdadera soberanía. “Casi todos los bosques son custodiados por los pueblos indígenas, son de las comunidades, y los cuidan en colectivo. Pero qué soberanía tendremos cuando la conservación de nuestros recursos esté regulada por el precio de los bonos de carbono y de servicios ambientales hidrológicos en la bolsa de valores de Nueva York. No queremos que el control económico de fragmentos de nuestro territorio integral esté secuestrado por patentes, certificaciones, contratos con empresas, dependencia de las transnacionales productoras de semillas transgénicas. Ni por un gobierno corrupto y represor.”

5. La propiedad individual de la tierra rompe los territorios y la organización comunal. “Hace imposible el cuidado integral comunitario del bosque y nos aparta de nuestro cuidado del agua. Con el pretexto de la seguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra, únicamente garantizan que los inversionistas privados nos invadan.” Cuando la tierra se vuelve propiedad individual ya no permite que los pueblos indígenas decidan colectivamente sobre sus territorios o los cuiden.” Pero nosotros conocemos nuestros territorios, sabemos cómo están y cómo cuidarlos. Tenemos lo necesario para gobernarnos, mediante nuestras asambleas, a nuestro propio y respetuoso modo. Ya no podemos permitir tantas normas impuestas, pues acabaríamos haciendo solamente lo que ellos quieren. Sin nuestra tierra no podemos ser los que somos.”

6. No a los modelos tecnológicos que promueven “y nos imponen plantaciones, planes de manejo, individualización y comercio de la tierra, registros de propiedad de fuentes de agua, biopiratería, semillas transgénicas, servicios ambientales y ecoturismo. Estas maneras de ‘reordenar el territorio’ aíslan y rompen nuestra relación comunitaria con el entorno. Liquidan las estrategias de cuidado que desde hace siglos guardan nuestros pueblos y sustituyen los saberes ancestrales de cuidado por conocimientos profesionales, de oficina, que no sirven”.

7. “Defender nuestra visión, es integrar nuestros territorios con bosques, tierra, agua, cultivo del maíz y autogobierno. Los proyectos aislados no sirven. Sólo nos fragmentan más.”

8. Cultivos que refuercen soberanía. “La primera soberanía, la más fundamental autonomía, es organizarnos para producir nuestra propia comida. Debemos defender por todos los medios el maíz, que no es un producto sino un modo de vida plena, una vida de sembradores, de campesinos, que cuidamos el maíz criados y enseñados por la milpa (que es una comunidad que nos enseñó el valor de la diversidad) donde el maíz se relaciona con muchas otras plantas.” Si los pueblos, o las muchas comunidades campesinas, producen su propia comida, no tienen que pedirle permiso a nadie para ser, para existir. Ésta es una propuesta muy fuerte. “De ella surgen los fundamentos de la autonomía de nuestras comunidades campesinas indígenas, rurales. Es urgente defender nuestra vida en la siembra produciendo nuestra comida. Nuestras labores no son un empleo para comprar comida con un sueldo de explotados, es acto creativo que refuerza la plenitud de la comunidad.”

Sólo con maíz nativo propio (no su versión desfigurada y transgénica comercial) cultivado por la comunidad para depender lo menos posible del mercado, se puede defender el agua, los bosques, los recursos naturales, los saberes agrícolas, médicos y otras técnicas ancestrales y actuales, y todo el sistema de impartición de justicia, las asambleas y el trabajo colectivo. “Sin maíz cultivado por nosotros no hay autogobierno en las comunidades. Si no existe más la posibilidad de tener maíz propio, nos vuelven dependientes de las compañías que diseñan y producen semillas comerciales. Y acabamos de obreros en la ciudad”.

9. La comunidad. “Es el espacio donde nos completamos un poco, pensamos, entendemos y trabajamos juntos. Donde tenemos un profundo respeto por lo sagrado, por impartir justicia buscando un equilibrio entre quienes formamos la comunidad, sin castigos inhumanos; por respetar y darle valor a cada uno de los miembros del colectivo.” En la comunidad hay conflictos, como en cualquier rincón del mundo. Hay violencia. Pero en las comunidades uno solo está “podrido”, pero con lo que sienten, piensan y buscan los otros con cada quien, se hace comunidad. “La autonomía es un intento, una herramienta, como el arado, para evitar que se desgaste la comunalidad: lo soñado y logrado juntos. Es un intento por renovarlo todo vez tras vez.”

10. Asambleas. Hay que reforzar los espacios de decisión entre iguales que piensan juntos. Las asambleas son la máxima autoridad de la comunidad porque en ellas cada quien puede decir su palabra y ser escuchado. Su palabra tiene peso.

Hoy en muchas regiones las asambleas ya no son muy fuertes, pero hay el impulso por revivirlas, y volver a trabajar pensando y entendiendo en común, juntos.

Donde las asambleas son fuertes, los programas de gobierno, los caciques que invaden o las empresas con sus tretas no logran mucho, porque la claridad de la asamblea frena o resuelve los problemas. Donde las asambleas son débiles, la comunidad se rompe y pierde, poco a poco o de repente, la fuerza para resistir las invasiones, la corrupción y los programas de gobierno.

11. Autoridades. Una comunidad, o una alianza de comunidades necesitan autoridades que sirvan a la gente, a esas asambleas generales. Las leyes agrarias mexicanas sólo reconocen a las autoridades agrarias. Pero son igual de importantes los gobernadores tradicionales, los sabios, que actúan y aconsejan desde la tradición y la cosmovisión de una comunidad o de todo un pueblo. Juntas, las autoridades agrarias y tradicionales se vuelven un consejo de gobierno que le da mucha fuerza a la comunidad poniendo en práctica las decisiones tomadas por la asamblea general de habitantes y no sólo a los comuneros reconocidos en los estatutos de bienes comunales o ejidales derivados de la Constitución mexicana. Al ser un consejo de gobierno que responde a la asamblea, que “manda obedeciendo”, la autonomía logra gran legitimidad.

12. Territorio. Para que la autonomía sea posible tiene que tener, como centro de toda acción, el territorio que le da vida. “El territorio es el balance que hemos logrado en siglos o milenios de relación con la naturaleza.” El territorio no es solamente la tierra. Son también el agua, el bosque, la biodiversidad, los recursos naturales (“los seres vivos materiales y espirituales”), la tierra y, sobre todo, el saber colectivo acumulado que relaciona todo lo que ahí existe. “Sin estos saberes ancestrales y actuales, los pueblos indígenas no seríamos lo que somos. Cuando llegan funcionarios a promover políticas ajenas y les dicen que les van a ayudar a reordenar el territorio para ‘expandir nuestras capacidades productivas y ecológicas’, las comunidades indígenas reímos. Eso es lo que hemos venido haciendo por lo menos hace diez mil años”, contesta la comunidad. El territorio es ya un orden, un equilibrio con todo. “Nosotros sabemos dónde ranchear, dónde aguar y cuidar nuestros ojos de agua, dónde sembrar, cómo hacer que el bosque viva y se mantenga, cómo hacer que llegue la lluvia y a dónde. Debemos repensar nuestra condición, entender que lo que hemos hecho por siglos vale, sirve, y que es crucial controlar nuestros territorios. Sin territorio, sin este tejido de saberes antiguos y actuales que nos han permitido sobrevivir, cualquier respuesta aislada fortalece el ataque contra nosotros.”

13. La tierra es invaluable. “Ser campesinos nos hace reverenciar, respetar y entender el profundo valor de la tierra, la Madre Tierra. Ella nos cuida a todos. Le pertenecemos, no la poseemos, y por supuesto, no tiene precio. Fijarle precio a una tierra de cultivo es una agresión, no importa cuál sea el precio, sean siete, setenta, setecientos, siete mil, setenta mil o siete millones, billones o trillones, nunca podrán igualar lo que esta tierra puede producir con mi cuidado, el de mis hijos, mis nietos, mis bisnietos o tataranietos hasta el fin de los tiempos.”

14. Economía. “Si somos cultivadores, cuidadores del mundo, campesinos que sembramos nuestra propia comida, tenemos la urgencia de salirnos, lo más posible, de la economía de mercado.” Muchas comunidades insisten en que no son cultivos de subsistencia o autoconsumo, sino cultivos soberanos. “Producir para vender y luego comprar comida, nos hace perder nuestra soberanía alimentaria y laboral, siendo que somos gente del maíz. Un pueblo que compra semillas, que compra comida, no es un pueblo que pueda gobernarse a sí mismo. Debemos estar orgullosos de cultivar y criar nuestro propio maíz pa’ que coma la familia, la comunidad, reforzar nuestros saberes antiguos, los de nuestros ancianos, y buscar las nuevas tecnologías integrales que estén de acuerdo con estos saberes y los complementen. Debemos recurrir a subsidios autónomos y fijar nuestros propios precios de garantía a nivel regional entre las comunidades que nos aliemos para hacerlo. Debemos atrevernos a dejar de gastar en alimentos industrializados que no nos son indispensables. Hagamos un llamado a los migrantes para que nos apoyen. Hay que regresar a los mercados pequeños, basados en el trueque, o en el intercambio local, para lograr una vida más manejable. Hay que consumir lo que producimos en nuestras regiones; podemos producir lo que requerimos.”

15. Tiendas comunitarias. A nivel regional, éstas pueden darle la vuelta a los intermediarios, los caciques regionales que introducen mercancías en muchas regiones y que encarecen muchísimo los productos. Impulsar así un comercio local, comunitario, para servir a distantes rancherías, con precios bajos y ganancias que van directo a la administración supervisada por las asambleas.

16. Educación alternativa. “La escuela nos está acabando. Mientras no busquemos una educación basada en nuestra propia visión, con conocimientos y saberes que nos sirvan para ser libres no vamos a lograr nada. Hay que buscar modos nuevos de crear situaciones donde todos aprendamos.” Buscar que los jóvenes, como voluntarios, practiquen muchas técnicas antiguas y actuales para ahorrar leña, captar agua, qué hacer con la basura, hacer abonos orgánicos, cuidar el bosque, combatir incendios, guardar e intercambiar semillas tradicionales, recuperar suelos erosionados no sólo a nivel de parcela sino a nivel micro regional, revitalizar aguajes, diversificar cultivos y actividades para recuperar el territorio y reforzar sus orillas con proyectos integrales propios. Reforzando la orilla del territorio en tierras recuperadas les da a los jóvenes un sentido de la resistencia que luego otros no tienen. Con talleres de intercambio de experiencias los jóvenes se empapan de los problemas y se vuelven grupos de estudio y trabajo, a nivel milpa, donde combinan saberes antiguos con las más alta tecnología.

CHE, Un hombre nuevo.

lunes, 6 de febrero de 2012

Nuestros sueños no caben en sus urnas, del diario de una compañera adherente.

“Irrumpir en el calendario de arriba con organización
y movilización civil y pacífica. Si los de arriba
ahora pretenden hacer como que no pasa nada y
hacer su “fiesta” sin liberar a nuestr@s compañer@
s, entonces tenemos que meternos en su calendario
y meter la demanda de la libertad ahí”.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, 30 de mayo del 2006.

El día 2 de julio de 2006 la Otra Campaña decidió irrumpir dentro del calendario de los de arriba; decidió aparecer en eso que los medios de comunicación, junto con la clase política, llaman “la fiesta de la democracia” porque, con los hechos del pasado 3 y 4 de mayo en San Salvador Atenco, los de arriba decidieron meterse, violentamente, con nuestro calendario.

La verdadera fiesta, la de los de abajo y a la izquierda, la de los que gritan “voto o no voto, me organizo” o “no voto y no me callo, me organizo” se vivió con alegría y emoción a través de los carriles centrales de Reforma hasta el Zócalo capitalino. Ese día miles de integrantes de la Otra Campaña — colectivos, individuos, organizaciones no gubernamentales, partidos políticos sin registro, cerca de 60 organizaciones, trabajador@s sexuales, indígenas, mujeres, niñ@s, ancianos, representantes de 31 entidades federativas— decidieron salir a las calles a manifestar su postura política e invitar a la sociedad civil a conocer la Otra alternativa, la Otra forma de hacer política.

En un día donde los de arriba preferirían nuestro silencio, donde esperaban celebrar con banderines y vanagloriarse con abrazos sosos, nosotros, nosotras, l@s otr@s, esos que somos de abajo, decidimos pintar las calles con mantas y colores, con frases y consignas; acompañados de batukadas, tambores, cantos, disfraces y alebrijes gigantes les dijimos “tu fiesta es una farsa”. La farsa de la falsa democracia.

Durante el recorrido, el pensamiento común fue que los de arriba pretenden vendernos la idea de que, tachando un logotipo de algún color, estamos eligiendo un programa económico, la próxima política social, una opción de respuesta a nuestras demandas y necesidades. Nosotros decimos que, con su idea de democracia, sólo estamos eligiendo
al siguiente verdugo, al próximo violador, al nuevo torturador, al nuevo asaltante y cómplice del despojo, al nuevo represor, al explotador; al que nos va a despreciar los próximos seis años.

¿Cómo pueden hablar de democracia cuando siguen manteniendo en la cárcel a nuestros compañeros y compañeras? ¿Cómo puede ser democrático un país cuando tiene presos y presas políticas? La palabra Democracia está vacía, si no va acompañada de las palabras Justicia y Libertad. Y los integrantes de la marcha dejaron claro que la clase política no conoce dichas palabras.

Los contingentes representantes de 31 estados de la República y de la Otra en el Otro Lado, corearon durante todo el recorrido: “no estamos todos, faltan los presos, faltan las presas”. Cada uno de los estados refrendaba su identidad con una manta al frente ya fuera con una consiga, con una imagen o con la firma colectiva del estado.

Al centro de la marcha un grupo de compañeros y compañeras, vestidos de llamativos colores y acompañados de música, bailaban y cantaban consignas a favor de la liberación de l@s pres@s políticos —1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8: Presos Políticos LIBERTAD!— ; algun@s otr@s, disfrazad@s y con pintas sobre el cuerpo se manifestaban en contra del proceso electoral y a favor de una nueva organización de izquierda y anticapitalista. No faltaron las mujeres, con el cuerpo tatuado con pintura, que les recordaron a los policías que custodiaban los castillos del poder que no olvidamos la violencia ejercida en contra de nuestras compañeras en Atenco.

El 2 de julio sirvió para demostrar que la Otra Campaña es una y las demandas de uno son las demandas de todos. Muestra de ello fue el copioso contingente de los anarkopunk quienes reivindicaban: “la tierra no se vende, es de quien la trabaja y la defiende”. Además, decoraron el camino con pintas rebeldes que nos recordaban, en cada pared, por qué estábamos ahí: “No elijas verdugo, elige la libertad” o “No al Voto Sangriento”.

Quizá la imagen más significativa fue aquella creada por un vagabundo, desaliñado y sucio, tirado en una esquina sobre cuya pared se podía leer: “Hoy no comí, Hoy no voté”. Dicha imagen representaba el sentir de los que caminábamos por esas calles: “¿votar cuando el pueblo se muere de hambre?”.

“Se propone que sea el 2 de julio del 2006, día de las elecciones federales, y así presentemos Otra Alternativa de organización y lucha para nuestro pueblo, que será nuevamente hecho a un lado a partir del 3 de julio”. (Subcomandante Insurgente Marcos, 30 de mayo del 2006).

El Subcomandante Insurgente Marcos, quien fungió como maestro de ceremonias, abrió el mitin:

“El día de mañana nuestro pueblo tendrá a dónde mirar y a dónde escuchar. Estamos muy alegres porque por primera vez en la historia de este país, en un día de elecciones, nosotros, que no estamos mirando allá arriba, tenemos por fin un lugar a dónde mirar y organizarnos abajo y a la izquierda”.

Después un compañero del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra leyó un comunicado aclarando que ese escrito no era un documento de los compañeros de Atenco:

“Esta no es sólo la palabra del FPDT, sino de todo aquel explotado. La lucha del Frente es hacer nuestra la lucha del compañero que está en problemas, que siempre es una lucha justa”; unirse a la lucha de todo aquel que está explotado, reprimido, bajo el yugo de los opresores. Dejó claro que la justicia para los de abajo no existe mientras continuemos bajo el régimen capitalista.

Después, la Otra Campaña tomó la palabra en voz de los representantes de cada una de las zonas de la nueva geografía generada desde nuestra organización: Zona Norte y el Otro Lado; la zona Centro; la zona Sur y Costa del país y, finalmente, el Sureste mexicano. Todos y cada uno de ellos leyeron el Manifiesto generado desde la Otra Campaña.

Algunos de los temas principales que abordaron fueron democracia, justicia y libertad, condiciones económicas, políticas y de vida, la otra cultura, la discriminación, entre otros.

Mientras tanto, en distintas partes del país se desarrollaban acciones dislocadas para luchar,todos juntos, por la liberación de los presos políticos y para manifestar nuestro repudio al teatro electoral.

En Atenco, los compañeros del FPDT, realizaron una marcha para manifestar su inconformidad por las elecciones y exigiendo la libertad de los presos políticos “no puede haber paz social ni democracia con la presencia policíaca supervisando las elecciones, ni tampoco mientras haya gente de nosotros que siga siendo perseguida por el gobierno”. Por su parte, los compañeros de San Luis Potosí salieron a las calles para apoyar las consignas y recordar que no olvidamos a nuestros muertos.

De igual modo, los compañeros adherentes en Jalapa realizaron un plantón, mientras que en Orizaba los compañeros, apoyados por mantas y carteles, realizaban una campaña informativa y protestaban y exigían la liberación de l@s pres@s polític@s. Las carreteras chiapanecas fueron bloqueadas por adherentes por cerca de 40 minutos y en la Otra Tijuana se realizó un partido de fútbol. También representaron al circo electoral con música, baile, periódicos murales y con la presencia de un elefante blanco en el papel de la clase política. En el resto de la República también se realizaron distintas actividades como parte fundamental de esta gran manifestación
Nacional.

El objetivo se cumplió: dar a conocer a la población que existe otra alternativa; invitarlos a que, a partir del 3 de julio —momento en que los de arriba muestren la verdadera y cruenta cara del poder— decidan organizarse y participar en la conformación de una nueva organización, de abajo, de izquierda y anticapitalista, para, entre todos, decidir qué queremos, cómo lo queremos y cómo le vamos a hacer, para obtener aquello que, con Justicia, Libertad y Democracia, nos pertenece.

“Hoy en la tarde, los de abajo dejarán de contar. No tendrán allá arriba quién los mire ni quién los escuche, pero tienen en nosotros, en nosotras, en la Otra, un espacio. A partir de mañana, el pueblo de México sabrá que hay otra alternativa, otro camino, otra forma de hacer política”. Subcomandante Insurgente Marcos, 2 de julio de 2006.

domingo, 5 de febrero de 2012

Donde viven nuestros muertos (La geografía según el Viejo Antonio)

Llueve. Los caminos reales son ahora pequeños arroyos momentáneos. Los piques una
sucesión de charcos mal contenidos por milpas, acahuales y árboles deslavados. Como si estuviera aún lejana, una voz se escucha:

Vengo llegando. Como puedo me arrincono junto al fogón. Aunque estoy empapado, he logrado poner a salvo el tabaco y algunas hojas de doblador. Apenas si doy un sorbo al café que la Juanita me pasa con su mano llena de calendarios pasados y por venir. Con paciencia y empeño, como de por sí, me forjo un cigarrillo y lo enciendo con un tizón.

Mi nombre es Antonio, pero creo que eso ya lo saben. El Sup me dice “el Viejo Antonio”. Aunque ya estoy difunto, cada tanto me da por aparecer para contar historias ya pasadas. Con el Sup nos conocimos hace ya muchas lluvias y él seguido viene a hacerme preguntas que yo respondo con otras preguntas… o con historias.

Casi siempre, después de encenderme el cigarro, sigue la palabra. El Sup a veces saca su pipa… pero no siempre… y es que seguido se le moja el tabaco por sudor… o por lluvia… o por amores… o porque al cruzar el vado del río, la corriente lo tumba y lo hace dar maromas… y llega a la champa chorreando agua… y entonces, como a mí, la Juanita le arrima un banquito junto al fogón y le da café… Bueno, pues les decía que, después de encender el cigarro, debiera seguir la palabra. No una palabra dura como las que usan ustedes los ciudadanos, sino sencilla y humilde… como de por sí somos nosotros.

Pero ahora no sigue la palabra… sólo me quedo viendo como la serpiente de humo se enrosca y se confunde con el humo del fogón.

Así tardo, fumando y tomando café. Y es porque el humo no va a traer una historia pasada, sino una por hacer todavía. Y las historias por hacer hay que callarlas mucho antes de hablarlas. Así es de por sí acá abajo. En cambio allá arriba hay mucha bulla… ruido… palabras duras de entender… y vacías.

Les estaba diciendo que yo ya estoy finado. Me morí por allá del 94. Muchos no se acuerdan o se hacen patos, pero ese año nos alzamos contra los malos gobiernos. Y aquí sigo… aquí seguimos.

“Finado” quiere decir muerto. Aunque acá nuestros muertos viven.

Viven, sí, pero no porque lo deseemos, que de por sí… no porque guardemos su memoria, que de por sí. Viven porque nos han dejado un debe, un pendiente, un algo que debemos hacer.

Por eso cada tanto hay que ir donde viven nuestros muertos para seguir agarrando el compromiso de cumplir ese debe. Y sólo ahí es donde se sabe el lugar y la hora, el cuándo y el dónde, o, como dicen ustedes los ciudadanos, el calendario y la geografía.

No es en las fechas ni en los lugares de arriba.

Es acá abajo donde está nuestra geografía.

Es donde viven nuestros muertos.

Antonio, el Viejo Antonio.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Qué sabe Google sobre mí y cómo puedo hacer que se le olvide

El martes 24 de enero Google anunció un controvertido cambio en su política de privacidad, por el que la gran mayoría de sus servicios pasan a estar integrados en una misma normativa. Con motivo del Día de la Protección de Datos en Europa, nos preguntamos hasta dónde llega el conocimiento que Google tiene de nosotros, qué recuerda y cómo podemos hacer que deje de hacerlo. Para ello nos ponemos en la piel de un usuario medio de los servicios de la compañía.

Andrés es un usuario medio de los servicios de Google. Bueno, tal vez está algo sobreexpuesto en relación con la mayoría de nosotros, pero seguro que nos identificamos con una buena parte de las cosas que Andrés hace cada día.

Nuestro conejillo de indias tiene un ordenador portátil (que utiliza a modo de sobremesa), una 'tablet' y un 'smartphone', ambos de última generación y con Android como sistema operativo. Su navegador favorito es Chrome.

Como casi todos nosotros, hace años que Andrés abrió una cuenta de Google. Al principio sólo pensaba utilizar el correo electrónico de GMail (le parecía más serio que tener una dirección en Hotmail), pero con el tiempo descubrió otras muchas aplicaciones. Y ahora se pregunta hasta qué punto Google está enterado de todo lo que hace.

Por la publicidad que le muestran los bloques de AdWords en numerosas páginas web, ya se ha dado cuenta de que no es precisamente poco. Se mete en las 'Preferencias de Anuncios' de su cuenta de Google, pincha en "eliminar y editar" y descubre las categorías en las que se encuentra etiquetado: aficiones, edad, género...

Esta información se encuentra almacenada en su propio ordenador (en una 'cookie') y a ella acceden los anuncios contextuales repartidos por media 'world wide web'.

De acuerdo con esto, Google piensa que es un varón de unos 25 años al que le gusta la tecnología, el cine y los deportes. No va mal encaminado. Pero así, a simple vista, no da la impresión de que la información en manos de la compañía sea tanta y de carácter tan reservado como dicen. Sospecha en voz alta: "Seguro que esto no es ni la mitad de lo que Google sabe sobre mí".

Poco después se entera de que es posible llegar fácilmente al fondo del asunto, con sólo seguir un puñado de enlaces. Y entonces toma una decisión: va a hacer caso a los consejos de la Agencia de Protección de Datos y a tomarse en serio su privacidad de ahora en adelante.

En su 'Dashboard', Andrés comprueba la cantidad de sitios a los que, a lo largo del tiempo, ha dado permiso para acceder a su cuenta de Google: Facebook, LinkedIn, About.me... Lo que no sabía es que existe la opción de revocar esos permisos, por si se arrepiente de haberlos otorgado, e incluso la posibilidad de crear una contraseña específica para el acceso desde cada uno de ellos. Es lo que se llama la "verificación en dos pasos".

Cuando se puso de moda, Andrés se abrió un perfil en la red social Google+ , donde publica sus fotos, vídeos, enlaces... Ahora es consciente de que ha puesto parte de su día a día (sus fotos, sus vídeos, sus círculos de amistades...) en manos de Google, y de que el grueso de ello está accesible para cualquiera con una conexión a internet.

Afortunadamente, existe otra función de Google que es desconocida para muchos (Andrés era uno de ellos hasta hace poco), y que permite modular la información sobre uno mismo que los demás pueden ver en internet. Gracias a 'Me on the Web', nuestro amigo ha creado una alerta que le avisa cada vez que su información personal se hace pública en la Red. Después puede pinchar aquí y pedirle al buscador que haga desaparecer sus huellas.

Desde que sabe hacer todo esto, Andrés cuida mucho más su identidad digital. Puede controlar al detalle, a través de su 'Profile' lo que la gente puede saber de él a través de Google. Pero todavía le preocupa lo que la propia Google puede estar averiguando sin que se dé cuenta.

Lo siguiente que revisa es su perfil y sus bitácoras en Blogger. Allí creó dos blogs: 'El rincón de Andrés', donde cuenta sus pequeñas aventuras cotidianas, y un segundo blog sobre cine y series de televisión. Con esto empiezan a perfilarse sus gustos y, además, se suma una gran cantidad de detalles sobre su vida a todos esos que antes había aprendido a controlar.

Pero abrir un blog personal es lo que tiene, y no le puede echar la culpa a Google de lo que él decida publicar. La política de privacidad es clara y, desde luego, parece claro que sus datos personales no se filtran a no ser que él mismo se vaya de la lengua en lo que escribe.

Además, Andrés utiliza Calendars para acordarse de las fechas importantes, de los eventos a los que piensa acudir y de las citas con sus amigos y familiares. En las bases de datos de Google, piensa Andrés, ya no solo está lo que ha hecho cada día, sino también lo que tiene pensado hacer en los días futuros. "Incluso mi lista de cosas pendientes en Tasks ".

A través de las huellas que va dejando en Google News (y de las búsquedas que, todavía, de vez en cuando realiza) también saben en Mountain View lo que Andrés lee. Por los 'feeds' que almacena en Google Reader conocen a la perfección los temas que le interesan y dónde se conecta para acceder a información sobre ellos. Y gracias a Youtube pueden descubrir también el tipo de vídeos que le emocionan, le hacen reír o le sirven para estar al día.

Por si fuera poco, en Google Docs están algunos de sus documentos más reveladores. Su currículum (donde aparecen completos sus datos de contacto), sus trabajos de cuando iba a la universidad, las tablas estadísticas de su pequeña 'start-up' innovadora, las diapositivas con la idea revolucionaria que piensa presentar en la reunión con un inversor potente.

Todo esto es privado. Sólo él (y las personas con que elija compartirlo) tienen acceso. Pero se encuentra almacenado en los servidores de Google y el buscador se reserva el derecho a facilitar el acceso a estos datos a terceros en ciertos supuestos, tal como se especifica en el apartado "Qué datos personales compartimos" de su nueva Política de Privacidad.

Nada más leerlo, sorprendido por la cantidad de cosas que no sabía sobre la forma en que se utilizan sus datos, se conecta a GTalk para contárselo a su mejor amigo. El contenido de su chat quedará almacenado en los servidores de Google, a no ser que especifique lo contrario y marque la conversación como privada.

Y todo esto sin que Andrés hubiera pensado todavía en su teléfono móvil...

Como Andrés utiliza las aplicaciones de GMail, Blogger, Reader y Google+ la empresa ya hacía tiempo que tenía su número de teléfono, asociado a muchos de estos servicios cuando se usa el servicio SMS. No obstante, el hecho de tener un móvil con Android ha desnudado otros aspectos de su personalidad que él creía ocultos a los ojos del gigante.

Para empezar, Andrés se encuentra constantemente localizado . Google revisa su ubicación, gracias a la conexión móvil, para ofrecerle búsquedas y otras funciones adaptadas al lugar en que se encuentra, así como para guiarle a través de Maps y Navigation , que le dicen como llegar a donde, de antemano, él ha confesado que tiene pensado ir.

Además, casi por inercia y, desde luego, por comodidad, sincronizó todos sus contactos (los del móvil, los de gmail, los de facebook, los de tuenti...) con su cuenta de Google, para acceder a ellos desde cualquier terminal.

Ahora los datos personales, números de teléfono, emails, direcciones físicas y un largo etcétera de datos de sus amigos y conocidos están también en los servidores de Google. Por culpa de Andrés y sin que ellos lo sepan.

"Madre mía como se enteren...", piensa. Y accede al gestor de contactos para eliminar algunos, los más comprometidos.